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SEÑORA: A MIS PROFESIONALES NI LOS NOMBRE

Actualizado: 1 mar 2023

Hace unos días, una amiga salió de su portal con su hija en brazos. En la calle se encontró con su vecina que hablaba con otra señora. Al verlas apresuradas, la vecina preguntó:


- ¿Qué le pasa a la nena?


-Lleva dos días devolviendo y está hecha un flan. Me la llevo al centro de salud. He estado llamando, pero no me lo cogen y ha sido imposible pedir cita. - Respondió mi amiga avanzando hacia el coche. De pronto, la otra señora comenzó a decir:


-¡Es que no hacen nada! ¡Están todo el día tocándose los huevos! ¡Son unos vagos y así nos va!


A raíz de esta escena, me ha dado por reflexionar lo fácil que le resulta a la queridísima Presidenta de la Comunidad de Madrid -en este caso en concreto- emponzoñar con mensajes de odio y crispación. Vierte en los cafés matutinos, con su política de tweet, un veneno que después la gente repite una y otra vez. Esa idea de que los profesionales sanitarios son unos vagos la implantó la señora Ayuso hace un año cuando insinuó que 34 bajas no justifican dos huelgas sanitarias[1].


Además, me sigue alucinando que la gente sin seguro privado pueda llegar a repetir semejantes sandeces como si tuvieran otra alternativa. En vez de defenderlos, atacan a los profesionales sin percibir que es la justificación que necesitan los poderes para acabar con un moribundo sistema público, gratuito y universal. Entiendo que quien tenga seguro privado le pueda dar más igual el devenir de lo público y que es muchísimo más inverosímil verlos en las manifestaciones por la defensa de la sanidad pública. Pero para el resto de la población, es cuestión de vida o muerte. Nunca mejor dicho.


Antes de desprestigiar al colectivo de profesionales sanitarios intentemos hacer memoria pensando en todo lo que nos han dado estos últimos años, ya sea en atención primaria u hospitalaria. Por poner un ejemplo (que no se me ocurre uno mejor): la pediatra de mis hijos.


Ella, durante años, ha comenzado a trabajar antes de que empiece su horario laboral atendiendo a las personas que íbamos de urgencia. Ella, nos ha contestado a multitud de mails con dudas. Ella, nos ha atendido siempre de forma cariñosa y profesional. Ella, nos ha llamado para ver la evolución de mis dos hijos cuando han estado malos. Creo que es fácil de entender la tranquilidad que te dan esos detalles cuando sufres por tus hijos enfermos. Os lo puedo asegurar: ¡No tiene precio!


No tendría por qué hacerlo, ya que excede de sus funciones y sin embargo lo hace. ¿Por qué? Pues porque es una grandísima profesional, pero: ¿Qué es ser una gran profesional? Un buen profesional es quien logra realizar una buena praxis profesional, quien se forma a lo largo de su vida y no pierde la curiosidad por aprender de su profesión, quien llega a especializarse en lo específico o en lo general. Alguien que ama su trabajo y siempre da lo mejor de sí. Que trata de llevar más allá su profesión. No se trata sólo de saber, o de tener amplios conocimientos en una determinada materia, ya que, como indica Rafael Garesse[2], vicepresidente de la CRUE de Universidades españolas, hay que preguntarse: “¿qué es la excelencia sin alma?”. Se puede saber mucho y no ser un buen profesional. Hoy en día, se habla de que para ser buen profesional hay que ser buena persona. Entendiendo que se refiere a ejercer desde el compromiso ético y humano. En el caso de mi pediatra esta máxima se cumple: ¡La pondría un piso!


Hoy, el centro de atención primaria de mi población tiene a cuatro médicos de baja. La ansiedad y la depresión se multiplican en un colectivo vapuleado y sobreexplotado. Esta situación es común en los Centros de la Comunidad de Madrid. Me llegan frases como: - “el cuerpo me ha dicho basta”, “la huelga me está pasando factura”, “sentía que de un tiempo a esta parte no hacía bien mi trabajo”- ¡Qué carajo! Vosotras hacéis bien vuestro trabajo. Llevar ocho o tres consultas a la vez es, simplemente, imposible. Quienes no hacen bien su trabajo son los que nos representan que en vez de defender los derechos públicos de toda la ciudadanía los dilapidan.


Habrá gente que diga: ¡pero es que no todos los profesionales son buenos! Hay de todo en la viña del señor. No obstante, si sigo haciendo memoria, puedo afirmar que la mayoría de los profesionales sanitarios con los que he tenido contacto durante estos dos años han sido buenos profesionales: ¿tú no?


En mi opinión, culpabilizarlos de que el sistema falla es el peor de los ataques al sistema mismo y lo que subyace es que, en el fondo, quieren vendernos otro modelo “más rentable”. Éste, no es otro que el modelo puro que sustituye a médicos y deja en los centros de primaria a enfermeras con una tablet con la que contactar con el facultativo de turno vía on line[3]: ¿Es eso lo que queremos en el futuro? ¿Una Tablet? ¿Estamos defendiendo un sistema sin alma?

La próxima vez, en vez de decir: no me cogen el teléfono, son unos vagos” – piensa: quizá estén saturados y no tengan personal.


Es más, creo que si hay un colectivo profesional que ha demostrado estar a la altura durante la pandemia precisamente ha sido el sanitario. Doblando turnos, multiplicando esfuerzos, evolucionando a un “Sistema Complejo Adaptativo”. organizándose para atender a la población en tiempo récord en situación de grandes emergencias.


Pienso en mi prima, orgullo de enfermera, volviendo durante el confinamiento agotada a casa tras decenas de horas trabajando con altas dosis de presión y peligro. A costa de su tiempo y el de su familia. Pienso en ella mientras lloraba en la ducha para que sus hijos no la vieran y me hierve la sangre la posibilidad de que nadie que utilice el sistema sanitario pueda llegar a afirmar que son unos vagos. Hemos pasado de los aplausos a las ocho a culpabilizarles de querer sueldos dignos y mejores condiciones laborales.


Esto no va de dinero, que también, esto va de derechos y de dignidad. Leí por redes una frase pintada en un muro brasileño: “Los ricos con médicos privados, los pobres privados de médicos”. Esta es la realidad que está por venir y encima aplaudimos. Nos convertimos, así, en la mano que aprieta el cuchillo contra nosotros mismos.


Antón Costas, el presidente del Consejo Económico y Social, considera esencial que en tiempos volátiles y de incertidumbre como los que vivimos es necesario avanzar hacia el acuerdo y la conciliación en vez de en el conflicto y crispación[4]. Opino igual, ahora bien. Cuando alguien vierta ese veneno sobre los profesionales, no es posible callarse. Hay que hacer como hizo mi amiga. Darse la vuelta con la niña en brazos y responder a quien diga esas sandeces:


-“¡Señora! ¡A mis profesionales ni los nombre!”-





Un buen recordatorio desde el Carnaval de Cádiz para el día de después de la privatización de la sanidad.



 

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